El Libro de Mormón, texto sagrado para el Movimiento de los Santos de los Últimos Días, ha sido objeto de múltiples revisiones y modificaciones a lo largo del tiempo. Aunque muchas de estas alteraciones parecen menores, adquieren relevancia si se pretende realizar un estudio teológico riguroso del libro. Si bien no todas afectan directamente el núcleo doctrinal, han generado debates significativos sobre las intenciones detrás de estos cambios y su impacto en la interpretación del texto.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD) defiende la naturaleza divina del Libro de Mormón. Sin embargo, los cambios editoriales reflejan un esfuerzo consciente por adaptar el contenido a las perspectivas teológicas y culturales de la presidencia en turno, así como a la evolución de las intenciones de José Smith respecto al movimiento o Iglesia que iba fundando.
Un ejemplo revelador de esta dinámica se encuentra en 1 Nefi 22:2. En la edición de 1830, el pasaje decía: «Por el Espíritu son reveladas al profeta». Sin embargo, en la edición de 1837, el texto fue modificado para decir: «Por el Espíritu son reveladas a los profetas». Este cambio, aparentemente sutil, podría sugerir una posible preparación para una futura estructura de liderazgo sucesorio dentro del movimiento. ¿Es esto una interpretación crítica válida o una simple especulación? También cabe preguntarse si la modificación podría deberse a un error en la transcripción original, considerando que José Smith dictaba las palabras al escribano mientras utilizaba el método descrito del «mágico sombrero». ¿Por qué sería necesario que Dios otorgara el «espíritu profético» a los sucesores? Una posible respuesta desde la perspectiva de los creyentes podría ser: «Porque es la iglesia verdadera y única».
Este artículo se propone señalar las posibles intenciones de estas alteraciones, destacando cómo moldean la percepción del texto entre sus lectores y cómo tales cambios pueden influir en la construcción doctrinal y la interpretación histórica del Libro de Mormón. Para un análisis de cada una de las modificaciones habrá que esperar la publicación (otoño de 2025) de mi próximo libro al respecto.
La Iglesia de Jesucristo SUD y la teología que la sustenta
El Movimiento de los Santos de los Últimos Días comprende diversas agrupaciones que surgieron tras la muerte de su fundador, Joseph Smith. Entre ellas, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD), la que Brigham Young lideró, es la más conocida y la que cuenta con mayor número de miembros a nivel mundial. Los templos y los «mormones» reconocidos en distintos países suelen pertenecer a esta rama. Cabe destacar que, aunque desde una perspectiva externa se podría considerar a Brigham Young un personaje controvertido por su racismo y práctica de la poligamia, dentro del mormonismo estas características fueron vistas como justificada: porque así lo dictaminó Dios.
Es importante señalar que la Iglesia de Jesucristo SUD no cuenta con una teología sistemática o desarrollada al estilo de las corrientes tradicionales. Las creencias y prácticas actuales se basan exclusivamente en lo que el profeta en turno define como verdad, permitiendo modificaciones doctrinales según su interpretación o revelación. Este sistema doctrinal se apoya, en gran medida, en el legado de enseñanzas acumulado por los presidentes anteriores a lo largo de los 200 años de existencia de la Iglesia.
Este enfoque puede compararse, en cierta medida, con el concepto de «tradición» en la Iglesia Católica. En el catolicismo, la fe no se fundamenta únicamente en la Biblia, sino también en enseñanzas históricas y prácticas desarrolladas para «vivir mejor» el Evangelio de Cristo. Estas prácticas no solo provienen de los líderes eclesiásticos, sino también de los feligreses cuya vida cristiana, tras su muerte, es analizada para determinar si merece ser replicada. Este proceso es una de las maneras en que surge la devoción hacia ciertos santos.
De manera similar, el mormonismo contemporáneo ha construido su propia «tradición», aunque no la denomina de esa forma. Esta tradición consiste en desarrollar nuevas maneras de vivir la fe en Jesucristo y en la «restauración del Evangelio».
Para los teólogos académicos o aficionados que estudian estas cuestiones, es crucial entender que en la Iglesia de Jesucristo SUD no se encontrarán corrientes como la teología escolástica, la teología de la liberación o la teología patrística. Sin embargo, si entendemos la teología como el estudio de Dios y de cómo las religiones estructuran su fe, entonces sí podemos hablar de una forma de teología en este contexto. No sería apropiado llamarla «teología mormona» en un sentido estricto; en su lugar, una denominación más adecuada sería «Teología de la Restauración».
La Teología de la Restauración se caracteriza por rechazar las tradiciones y doctrinas previas, a las que considera apóstatas, y establecer un marco completamente nuevo basado en las revelaciones de los líderes actuales de la Iglesia. Este proceso de reinterpretación continua permite que las enseñanzas de los profetas puedan incluso contradecirse entre sí, consolidando un enfoque dinámico y exclusivo en la teología de esta rama del Movimiento de los Santos de los Últimos Días.
La postura de la Iglesia de Jesucristo SUD
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD) ha expresado su postura sobre este tema a través de textos escritos y declaraciones públicas. Estas publicaciones, a menudo presentadas como comentarios, constituyen la única referencia al respecto, ya que evitar hablar de un asunto controvertido parece ser la estrategia preferida cuando se enfrenta una polémica.
En dichas publicaciones se detallan las múltiples revisiones y correcciones realizadas al Libro de Mormón desde su primera publicación en 1830. No obstante, estas modificaciones revelan una inconsistencia fundamental que no puede ignorarse: no son correcciones de traducción en el sentido estricto de la palabra, ya que el texto original del cual José Smith afirmó haber traducido nunca ha estado disponible ni ha sido presentado. En consecuencia, todas las modificaciones realizadas son, en realidad, ajustes y adaptaciones al texto en inglés, el idioma en el que el «traductor» aseguró haber recibido la revelación divina.
La ausencia del texto fuente original
En cualquier proceso de traducción, las correcciones se justifican cuando existe un texto fuente que permite comparar la versión traducida con el original, buscando una alineación precisa en significado y contexto. Sin embargo, en el caso del Libro de Mormón, el supuesto texto original, grabado en placas de oro, nunca ha estado disponible para evaluación ni comparación.
Por tanto, las «correcciones» realizadas no están basadas en un texto fuente tangible, lo que transforma el proceso en una adaptación del contenido más que en una corrección legítima. Esto plantea una pregunta crucial: si el texto traducido fue entregado «por el don y poder de Dios», como afirmó José Smith, ¿cómo es posible que necesite modificaciones en estilo, gramática o estructura, especialmente en el mismo idioma en el que supuestamente fue revelado?
La afirmación de ser «el libro más correcto»
José Smith declaró que el Libro de Mormón era «el más correcto de todos los libros sobre la tierra». Sin embargo, esta declaración entra en contradicción directa con las más de mil modificaciones realizadas apenas siete años después de su primera edición, así como con los cambios que continuaron efectuándose en ediciones posteriores. Sí, la mayoría de aspecto gramatical, pero otras del sentido completo de la «revelación».
Si el texto fue traducido directamente por intervención divina, ¿por qué necesitaría tantas revisiones humanas? Estas discrepancias sugieren que las modificaciones no están orientadas a preservar la supuesta precisión del texto original, sino a ajustarlo deliberadamente a los intereses de la época.
Xenofobia, ¿Por qué estaría mal?
En 2 Nefi 30:6, leemos: «Se convertirán en una gente blanca y deleitable» (edición de 1837). Sin embargo, en la edición de 1840, el texto fue cambiado a: «Se convertirán en una gente pura y deleitable». Aunque el sentido de la frase parece mantenerse, debemos recordar que este cambio no ocurrió al traducir de un idioma extranjero al inglés, sino dentro del mismo idioma inglés. Un creyente ingenuo podría argumentar que la lengua original era el supuesto «egipcio reformado» y que el traductor, en ese momento, interpretó mal lo que escuchó del «sombrero mágico». Sin embargo, no hay excusa válida para justificar una alteración tan significativa.
Estos ajustes, aunque aparentemente mínimos, revelan un cambio claro en el sentido de las palabras y, en casos como este, apuntan a suavizar aspectos controvertidos del mormonismo. Pero ¿por qué no habría de ser así? ¿Acaso el Dios hebreo no eligió a los judíos por encima de otros pueblos? ¿No existe acaso la poligamia en la Biblia? La idea de que los blancos son más «puros» que los morenos o negros no es exclusiva de la Iglesia mormona; es una creencia arraigada en ciertas tradiciones cristianas. Por ejemplo, algunos videntes católicos han afirmado que la «marca de Caín» es, en realidad, una mancha oscura en la piel que con el tiempo cubrió el cuerpo entero.
¿Por qué ser xenófobo deberían rechazarse? ¿Es acaso el miedo a las tendencias actuales contra el racismo y la violencia hacia grupos minoritarios lo que impulsa el rechazo a estas creencias? Estas ideas, por extrañas que parezcan, están profundamente arraigadas en ciertos aspectos del cristianismo histórico. Mi intención no es cerrar la discusión ni a favor ni en contra de estas posturas, sino destacar que las modificaciones al Libro de Mormón parecen responder a intereses de la presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD).Estas modificaciones parecen orientarse a minimizar riesgos que puedan comprometer el crecimiento de su número de fieles, o como ellos lo denominan, «la membresía en la Iglesia». Esta terminología, que recuerda más a la inscripción en un gimnasio que a una comunidad espiritual, podría también estar sujeta a cuestiones de traducción o adaptación cultural. Tal vez en el futuro presenciemos otro cambio terminológico que reemplace la actual expresión de «membresía SUD», así como en la actualidad se está pretendiendo eliminar el calificativo mormón, por objetivos de «marca», para distanciar el origen de su iglesia, el llamado Profeta Mormón que escribió el libro en planchas de oro que conocemos por Libro de Mormón.
Ser mormón te da personalidad
A pesar de las controversias en torno al Libro de Mormón, las acusaciones de sociopatía dirigidas hacia su fundador y algunos de sus sucesores, así como las tradiciones controvertidas que la presentan como una agrupación de control, muchos miembros de la Iglesia mormona sostienen que, al margen de estos temas, su comunidad fomenta valores positivos y brinda un fuerte sentido de pertenencia. Esta red de apoyo y los valores compartidos permiten a las personas afrontar la soledad y llenar vacíos en su identidad personal.
Ante estos argumentos, poco se puede objetar, ya que cada quien encuentra maneras de llenar sus vacíos como mejor puede. Sin embargo, no deja de recordarme una anécdota del Cardenal Norberto Rivera, quien, durante una visita al Seminario Conciliar, recomendaba a los seminaristas no fumar, pero añadía, con cierta ironía, que fumar puede dar personalidad… claro, únicamente a quien carece de ella. Así que efectivamente, ser mormón da personalidad.
¿Está Dios presente en la La Iglesia de Jesucristo SUD?
En 1 Nefi 11:18, la edición de 1830 afirma: «He aquí, la virgen que tú ves es la madre de Dios». Sin embargo, en la edición de 1840, este versículo fue modificado a: «He aquí, la virgen que tú ves es la madre del Hijo de Dios», justificando el cambio como un esfuerzo de José Smith por clarificar la doctrina. ¿Qué implica esto? La realidad es que no poseemos una idea clara ni definitiva de la estructura del reino de Dios. Solo contamos con sombras de esa realidad, reflejos limitados que nos ofrecen una visión tenue y fragmentada. Estas sombras pueden ayudarnos a imaginar lo inalcanzable, pero hablar de ello implica hacer teología; no cuestionarlo es caer en la ingenuidad.
Más allá de lo que proclamen la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la Comunidad de Cristo (otra rama del movimiento), la Iglesia Fundamentalista, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, la Ortodoxa, la Anglicana, la Metodista o cualquier otra denominación, hay algo que parece evidente: Dios está presente en todas ellas. Ya sea que una iglesia haya sido fundada por Dios mismo, por un creyente devoto, por alguien con intenciones cuestionables o incluso por un sociópata en busca de atención, Dios está ahí, porque ahí estamos nosotros, los seres humanos, con nuestras virtudes y defectos, buscándolo con sinceridad.
Edith Stein, filósofa judía que abrazó el catolicismo, murió en los campos de concentración de Auschwitz y fue canonizada como Santa Teresa Benedicta de la Cruz, expresó una verdad profunda: «Quien busca la verdad, busca a Dios, sea de ello consciente o no». Para evitar problemas de interpretación, aquí está la frase en su idioma original: «Wer die Wahrheit sucht, der sucht Gott, ob es ihm klar ist oder nicht».
Sin embargo, siempre habrá algún personaje llamado Nefi que defienda la existencia de una única iglesia verdadera y, con cierta ironía, declare: «Solo los elegidos somos dignos de acceder al poder secreto del egipcio reformado, revelado a través de los herederos del poder profético». Todo ello, aunque contradiga a los profetas que le precedieron.