La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD) es una iglesia surgida del Movimiento de los Santos de los Últimos Días, originado en el siglo XIX por el fundador Joseph Smith, y que a su muerte se dividiría en otras. Esta Iglesia es la que tiene mayor número de miembros y su actual líder, presidente y profeta es Russell M. Nelson, de 100 años de edad.

Russell M. Nelson tiene la autoridad actual, que si bien consulta a su consejo y miembros de algunos posibles cambios, es el principal responsable de lo que se vaya reformando dentro de la Iglesia de Jesucristo SUD.

El catolicismo y el mormonismo comparten ciertas similitudes en la manera de administrar su apostolado y sus creencias. En ambas tradiciones, se destaca la importancia de la tradición, no tanto como un apego estricto a los textos sagrados —como la Biblia, el Libro de Mormón o Doctrina y Convenios—, sino como un proceso de reorganización y reinterpretación continua por parte de sus líderes en cada momento histórico.

¿Qué es la tradición de la Iglesia Católica?


La tradición de la Iglesia es el conjunto de enseñanzas, prácticas, ritos, costumbres y doctrinas que se han transmitido de generación en generación desde los tiempos de los apóstoles. Es una de las fuentes esenciales para comprender la fe cristiana, junto con las Sagradas Escrituras. Sin embargo, la tradición no solo complementa la Biblia, sino que actúa como su intérprete, ya que guía a la comunidad cristiana en la correcta comprensión y aplicación del mensaje divino, más allá de una lectura literal.

En el cristianismo, particularmente en las iglesias católica y ortodoxa, la tradición no se limita a repetir el texto bíblico, sino que, iluminada por el Espíritu Santo, profundiza en su significado y lo adapta a los contextos históricos y culturales. Algunos aspectos clave de la tradición incluyen:

  1. Interpretación apostólica: Los apóstoles y sus sucesores, los obispos, han transmitido la fe interpretando las Escrituras en función de las enseñanzas de Cristo y de las necesidades de las primeras comunidades cristianas. Esta interpretación viva es la base de la tradición.
  2. Liturgia y sacramentos: La celebración de los sacramentos y la liturgia están profundamente enraizadas en las Escrituras, pero son la tradición de la Iglesia la que da forma a cómo se realizan y cómo conectan a los fieles con la salvación ofrecida por Cristo.
  3. Textos patrísticos y magisterio: A través de los Padres de la Iglesia, los concilios ecuménicos y el magisterio, la tradición ha interpretado y desarrollado la doctrina cristiana, aclarando pasajes bíblicos y resolviendo dudas sobre la fe y la moral.
  4. Espiritualidad y devociones: Las prácticas devocionales, como el rezo del Rosario, la veneración de santos o la adoración eucarística, no siempre están explícitas en las Escrituras, pero surgen de la tradición, que las sustenta y les da su significado espiritual.

En este sentido, la Biblia no se entiende como un texto aislado o autosuficiente, sino como parte de un todo más amplio. La tradición garantiza que el mensaje de las Escrituras se interprete de manera coherente con la fe cristiana, evitando lecturas fragmentadas o fuera de contexto. Es la tradición, iluminada por el Espíritu Santo, la que conecta la Palabra de Dios con las realidades humanas, adaptándola a los tiempos sin perder su esencia divina. Por ello, tradición y Escritura forman un único depósito de fe, inseparable y complementario, que guía al pueblo de Dios en su camino hacia la salvación.

¿Qué es la tradición en la Iglesia de Jesucristo SUD (mormones)?

En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia mormona), la tradición es dinámica y ha evolucionado significativamente desde su fundación en 1830. Esta tradición no solo se basa en las Escrituras, sino también en las revelaciones continuas de sus líderes, lo que ha permitido ajustar o modificar doctrinas y prácticas a lo largo del tiempo. Sin embargo, esos cambios han estado marcados por momentos de tensión y división interna, especialmente tras la muerte de su fundador, José Smith.

Un ejemplo claro es la práctica de la poligamia, que José Smith introdujo como una revelación divina y que continuó siendo defendida con mayor fervor por su sucesor, Brigham Young, quien se convirtió en el segundo presidente de la Iglesia. Tras la muerte de Smith en 1844, Young lideró a los Santos de los Últimos Días en un éxodo hacia el oeste de Estados Unidos y consolidó la poligamia como una práctica central de la fe mormona. Él mismo tuvo numerosas esposas y consideraba esta práctica no solo doctrinalmente correcta, sino esencial para la exaltación en el reino celestial. Bajo su liderazgo, la poligamia se convirtió en un pilar de la identidad mormona, lo que provocó tensiones con el gobierno estadounidense y contribuyó a las divisiones internas en los primeros años de la Iglesia.

Otro tema controvertido fue la prohibición de otorgar el sacerdocio a los afrodescendientes. Brigham Young desempeñó un papel crucial en institucionalizar esta práctica, argumentando que el sacerdocio debía restringirse exclusivamente a los «blancos elegidos». Este punto de vista estaba respaldado por interpretaciones racistas de las Escrituras y se convirtió en una doctrina que marcó profundamente a la Iglesia durante más de un siglo. Young no solo defendió esta postura como revelación divina, sino que fue un incansable escritor y orador en contra de la inclusión de personas negras en las funciones sacerdotales de la Iglesia. Estas creencias reflejaban no solo el pensamiento social de su tiempo, sino también una visión doctrinal que, según él, era inmutable.

Sin embargo, la oposición a estas doctrinas fue una de las razones de las divisiones que surgieron tras la muerte de José Smith. Algunos grupos mormones rechazaron tanto la poligamia como las restricciones raciales al sacerdocio, argumentando que no representaban las enseñanzas originales del fundador. Esto llevó a la fragmentación del movimiento mormón en varias denominaciones, cada una con diferentes interpretaciones y tradiciones.

A pesar de estos antecedentes, la Iglesia SUD ha demostrado que sus prácticas y enseñanzas no son inmutables. En 1978, bajo la dirección del presidente Spencer W. Kimball, se anunció una nueva revelación que permitía otorgar el sacerdocio a hombres de todas las razas, revirtiendo la doctrina establecida en la época de Young. De manera similar, la poligamia fue abandonada oficialmente a finales del siglo XIX, debido a presiones legales y sociales, aunque algunos grupos disidentes continuaron practicándola.

Estos cambios reflejan cómo la Iglesia mormona, a pesar de afirmar ser la restauración del cristianismo primitivo, ha transformado sus doctrinas en respuesta a nuevas circunstancias y entendimientos. En menos de 200 años, la fe mormona ha transitado por múltiples reinterpretaciones de sus creencias iniciales, evidenciando que su tradición no es estática. La revelación continua, proclamada por sus líderes, permite que la Iglesia adapte sus enseñanzas, aunque esos ajustes no siempre estén exentos de controversias o divisiones internas. Esto demuestra que la tradición mormona, lejos de ser un legado fijo del pasado, es un fenómeno vivo que evoluciona con el tiempo, en diálogo con su propia historia y con el mundo que la rodea.

Tradición y Cambio


La tradición en el cristianismo ha sido un eje fundamental para la continuidad y evolución de las iglesias, pero también un tema de debate constante entre las distintas denominaciones. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia mormona) sostiene que la Iglesia Católica cayó en apostasía tras la muerte de los apóstoles originales, perdiendo la autoridad divina para guiar a los creyentes. Este argumento forma la base de su afirmación como la restauración del cristianismo original. Sin embargo, resulta paradójico observar que, en tan solo 200 años de existencia, la Iglesia mormona ha modificado significativamente su doctrina y práctica, adaptándose a las circunstancias sociales y políticas de cada época, al igual que las iglesias que critican.

Entre la Iglesia primitiva y el Primer Concilio de Nicea transcurrieron más de 300 años, y aunque durante ese tiempo hubo cambios y desarrollos doctrinales, la esencia del cristianismo se preservó en medio de debates intensos y persecuciones, no así al cumplir 1,000 años, y no digamos 2,000 mil. Por el contrario, la Iglesia mormona, en menos de dos siglos, ha introducido múltiples modificaciones que la hacen visiblemente distinta de cómo era en sus comienzos. Esto plantea una pregunta importante: ¿qué futuro le espera a una iglesia que modifica su práctica a un ritmo tan acelerado? Si este patrón continúa, es posible que la Iglesia mormona siga transformándose hasta el punto de distanciarse aún más de sus raíces originales, lo que podría generar tanto adaptaciones positivas como divisiones internas.

En el análisis de la tradición, resulta claro que todas las iglesias enfrentan el desafío de mantenerse relevantes en un mundo cambiante sin perder su identidad. La tensión entre fidelidad al pasado y adaptación al presente es un desafío constante para todas las denominaciones cristianas. La clave radica en discernir si los cambios son fruto de un desarrollo legítimo de la fe o si responden únicamente a presiones externas, algo que cada comunidad religiosa debe evaluar cuidadosamente.

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